18/9/09
Son las 7 de la mañana, la temperatura es agradable, y la alegría de llegar a la Meca cultural tonifica el ánimo. El peregrino siente algo extraño hasta que se da cuenta que dejó olvidado en la habitación el baston, el compañero inseparable, que le fue marcando dia a dia el compás. Lo había adquirido en O Cebreiro. Los peregrinos transmiten parte de su personalidad en el modelo de baston, en el que se apoyarán en sus trayectos. Los creyentes, que prioritariamente conciben el Camino desde un perfil ascético - contemplativo, prefieren el cayado, una talla alargada e irregular y que tiene una cierta similitud con el váculo de los obispos. El simple garrote es para el peregrino que vive el Camino con impulso desafiante. El peregrino de espíritu deportivo y entrado en años, recurre al bastón "trekking" de aluminio, especifico para escaladores. Otros prefieren las manos libres, renuncian al punto de apoyo, y marcan el ritmo con sus brazos. Nuestro peregrino ha optado por un bastón de altura media, acabado, con base metálica, que marque el ritmo con precisión. El camino como cultural racional. Para él no es un ejercicio de ascetismo, ni de mística, ni de senderismo. Es una genuflexión ante la historia, un ejercicio de introspección por las rutas del pasado.
Los primeros trayectos del Camino son de pendientes suaves y abundante arbolado. Cruza O Rego de Brandelos, el poblado y el rio de Amaral, entre la penumbra del amanecer, sufre la fuerte pendiente de Cimadevila, y se escandaliza una vez más del atentado por la construcción del Polígono Industrial de O Pino a la vera del Camino. Pasa bajo la gigante telaraña del ILS del Aeropuerto, nuevamente le sorprende que la autovía corte el Camino, y no puede dejar de preguntarse cómo en las inmediaciones de la gran meta se permiten estos atentados.
Por fin Lavacolla. El peregrino se acerca a la iglesia parroquial, y cruza el pequeño arroyo, al que la tradición le ha otorgado un importante papel en la historia de la higiene. Según la guía Calextina, Lavacolla deriva de "lava colea", donde los sufridos peregrinos se levaban sus mismísimos, ayudando a paliar las insuficiencias higiénicas de la época, que intentaría completar el ínclito botafumeiro.
En dirección al pequeño núcleo de Vilasantar, el peregrino sufre la última cuesta, y en paralelo con la carretera que lleva a Santiago, cruza en San Marcos el Centro de TVG. O Monte do Gozo le trae los recuerdos de las grandes concentraciones que pisaron su hierba: Con Juan Pablo II en 1982 y 89, que se rememora en 1993 con un gran monumento que corona la colina; también con frecuentes y masivas reuniones para escuchar fervorosos panegíricos políticos con cierta tendendcia al endiosamiento de personas, o grandes concentraciones juveniles para escuchar los sonidos distorsionados de sus ídolos musicales, como recientemente los de Bruce Springsteen. Pero la verdadera razón del gozo es que se ve, se palpa, se siente el espíritu de Compostela.
La emoción de la meta le embarga . El día a día, el paso a paso, siguiendo siempre la flecha, lo han llevado a buen fin. Con frecuencia los peregrinos, de rodillas, entonaban el "Te Deum" con intensa emoción, y otros brindaban con vino. El opta por posponer el brindis para la llegada.
Los últimos metros se recorren lentmente. En San Lázaro, la actual Dirección Xeral de Montes se ubica en el trnsformado antiguo hospital de Leprosos. Pasa al lado de la capilla de San Lázaro. Cruza la rúa de San Pedro, Casas Reais, Plaza Cervantes, Azabachería, y bajo el Pazo de Gelmirez, con emoción contenida, pisa las piedras del Obradoiro. Contempla el espectáculo de su noble grandeza. Como si fuera la primera vez. El hormiguero humano se siente acogido, como si cada uno estuviera en el salón de su casa. Se siente el calor de esta Patrimonio de la Humanisdad, que penetra hasta la médula. Compostela responde fielmente a cualquiera de las interpretaciones etimológicas: "El campo de la estrella" que indica a Teodomiro el lugar en el que está la tumba del Apóstol. Es la compostela de la leyenda. Bajo otra interpretación, el Códice Calextino cuenta la historia de una mujer llamada "Compostella", seguidora de las predicaciones del Apóstol. Es la Compostela de la Fe. Para otros la etimología responde a la pequeña villa "compuesta", "id est bene composita", la Compostela bonita, Patrimonio de la Humanidad. Como se puede ver, cada una de sus interpretaciones etomológicas tienen una proyección de largo recorrido
El peregrino se aproxima al Palacio de Raxoi, y respetuosamente contempla durante cinco minutos el dedo solemne de la catedral que señala el cielo. No entra al interior.
Se desprende de la mochila, ya no sigue la flecha, y recupera en su interior a Antonio Machado: "Caminante, son tus huellas / el camino y nada más. /Al andar se hace el camino / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar".
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