viernes, 4 de diciembre de 2009

ARZUA - PEDROUZO






17/909




El peregrino ha caído en la tentación. La mochila se la llevarán a Pedrouzo por el módico precio de 4 euros. Ligero de carga, asido a su bastón, se pone a andar con alegría, con esperanza. El fin está cerca. Pero no es el fin apocalíptico, el fin del "dies illa, dies irae". No. Es el fn hacia laresurrección, hacia la regeneración. Es la meta.


Atrás queda Arzúa, en la que el Calixtio sitúa el milagro del peregrino que pidió un pedazo de pan a una mujer cuando lo estaba cociendo. No se lo quiso dar, y el pan se convirtió en una piedra. La leyenda le provoca un soliloquio en el que hace analogía del ser humano que no comparte, que no se entrega, que no ejercita su generosidad con los demás, termina convirtiéndose en un coraz´´on de piedra. Conmo el pan de la poco generosa mujer.


El camino transcurre entre pendientes suaves que limitan las caprichosas curvas de pequeños riachuelos: Rego raído, regueiro Ladrón, río Lengüello, rego do Igresario.rego da Abelenda...


A la vera del Camino asoman prqueñas explotaciones ganaderas, estabuladas unos, al descubierto otras. Los cencerros desgranan notas sueltas en el aire. Es la antesala de ese pproducto tan familiar, tan artesanal: El queso de Arzúa.


En le horizonte, paisaje de aucaliptos, mahizales, pastizales. Con frecuencia el Camino cruza la carretera de alta cappacidad, sin ninguna esppecial señalización, lo que por una parte supone un añadido de inseguridad, y por otra un atentado a su virginidad imposible. Es un golpe a su inocencia, una burda violación, un ataque a su inocente "enxebrismo".


Santiago está cerca. En el alto de Santa Irene, coronada por su rústica capilla, Santiago se huele, se siente. Lo anuncia la lluvia diminuta, pero intensa, que viene amenazando desde las primeras horas. El peregrino cubre su cuerpo con el impermeable, y busca la protección de los eucaliptos. Atrás, y sin despertar especial interés, queda el monumento al falangista

ariano Sanchez Covisa, muerto en 1993, haciendo una peregrinación con la Falange.


La lluvia pertinaz e "in crescendo" reduce la perspectiva. En su compañía, el peregrino se adentra en Pedrouzo, un pueblo que se ha quedado a medio camino de ciudad. Algo así como "ni chicha ni limoná". Pedrouzo dejó de ser un pueblo, y no llegó a ser ciudad. Urbanismo de quiero y no puedo. Tiene, en lenguaje analógico, la estética vulgar del nuevo rico. Pero Santiago, el Campo de la Estrella, ya está cerca.
















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