viernes, 20 de noviembre de 2009

TRIACASTELA - SARRIA



13/9/09



Son las seis de la mañana. El peregrino inicia el trayecto Triacastela - Sarria. A los primeros pasos tiene que elegir entre la ruta de Samos o la ruta de San Xil. En compañia de un joven austríaco se decide por la variante de San Xil. En un mal inglés intenta comunicarse con su improvisado compañero, que inició su recorrido en Lourdes. Una docena de peregrinos siguen la misma ruta, quedan atrás las tibias luces de la ciudad, y se internan en la sombra profunda de la noche. A esas horas de la mañana no se oye ninguna palabra de la lengua de Cervantes, haciendo honor al perezoso despertar de este pais. El peregrino se deja acompañar durante una hora del joven que, con las piernas bien entrenadas, cual Indurain, a mitad de montaña despega en solitario, desapareciendo entre las penunmbras de la noche. Las linternas alineadas simulan el misterio tenebroso de la Santa Campaña. Los lamentos los pone el murmullo tenue del pequeño río Valdescuro, que camina al encuentro del rio Oribio. Obscuridad y río es la simbiosis de Negra Sombra, es la íntima fusión de esta tierra: "Si cantan, es ti que cantas,/ si choran es tí que choras,/ i es o murmurio do rio/ i es a noite i es a aurora". El bosque hace más intenso, más penetrante el vacío sombrío de la noche.


Los puntos que son origen y destino de cada etapa se asientan frecuentemente a la vera de un río. Ello hace que el final de cada recorrido sea una pronunciada pendiente hacia abajo, y el inicio por la mañana, una cansina cuesta hacia arriba. El kilómetro y medio desde A Balsa a San Xil es intenso, costoso y pronunciado. A medida que se abre la tenue luminosidad del paisaje, el peregrino pericbe el aliciente acogedor de los bosques de castaños y robles, que se han adueñado de las laderas del monte de Santa Irene.


A ritmo y paso a paso, conquista el altiplano desde donde contempla el monte Oribio. Al fondo de la ladera, el valle está cubierto con una inmensa sábana de niebla.


De momento, la cuesta que queda atrás aun no ha hecho mella en las piernas, por lo que recorre el corto altiplano, camino de Montán con alegría, disfrutando en solitario de la sueve brisa que le acaricia al amanecer. Bajando hacia Montán se introduce en la niebla, distinguiendo entre penumbras pastizales, robles, castaños....Es domingo, y el amanecer despierta en profundo silencio, solo perturbado por el cencerro de algún ganado vacuno madrugador. Las pequeñas aldeas duermen bajo el envoltorio de los intensos olores de las cuadras.


El peregrino siente la protección de nobles robles y castaños, que le hacen el puente y sombrean el camino de subidas y bajadas, en zig - zag.En las proximidades de Sarria manchan el paisaje extensos mantos de maizales.
A la entrada de la ciudad, en una parada de bus instalada por la Diputación Provincial, algún gracioso dejo huella de su ingenio: "...puta....provincia. de Lugo".


El peregrino cruza el puente del rio Sarria, percibe en la ciudad ambiente dominguero y festivo. Se instala en su hotel y se dispone a disfrutar de una tranquila jornada urbana. Son las dos de la tarde.



No hay comentarios: