jueves, 26 de noviembre de 2009

PORTOMARIN - PALAS DE REI

15/9/09

El peregrino inicia la etapa , como es habitual, rumiando la cuesta del monte San Roque con sus pies aún doloridos. Los inicios de cada etapa requieren algunos momentos de introspección y recogimiento para activar su íntima convicción y poder rezar el "sí puedo". El cielo despejado, salpicado de algunas estrellas, azul obscuro, y unos puntos luminosos en el horizonte recuerdan los cuadros intimistas de Zurbarán. El bosque de robles que le hace el puente al peregrino, alineados al borde del camino, ponen en el ambiente un toque de disciplina militar. Son los momentos de la puesta a punto, de tensionar los músculos.

Las etapas del camino transcurren entre puntos urbanos protegidos por las laderas de la montaña, y surcados por sus ríos. Consecuencia de ello, las entradas y salidas de estos enclaves se corresponden con fuertes pendientes de subida y bajada.

Ah...por fin el altiplano. Grandes maizales y bosques de coníferas protagonizan el paisaje. El zig-zag del camino hacia Palas de Rei transcurre próximo y se cruza frecuentemente con la carretera general. Es como una violación de su virginidad. Son cruces irrespetuosos, que traicionan su dignidad tradicional, atacan su íntimidad. El peregrino cansado se ve obligado a cruzar vías asfaltadas de alta capacidad que perturban y desdibujan la genuina esencia del camino.

El viajero se encierra en la cápsula de sus pensamientos. Piensa que los seres humanos dirigen las miradas hacia fuera el mayor tiempo de sus vidas, y apenas miran hacia dentro. El ser humano invierte mucho tiempo en definir lo que ve, en moralizar sobre lo que debe ser, pero no se conoce a sí mismo. apenas practica el ejercicio de la sabiduría socrática y platónica de "nosce te ipsum".

Nuestro personaje se ha jubiliado hace unos meses, porque el dedo del sistema determina que ha cumplido la edad reglamentaria. Y es consciente de que ello significa un punto y aparte en su vida. las inercias se estremecen. Tiene la conciencia de que ha llegado a un fin de estación. Necesita recoger urgentemente el equipaje, para no perder el siguiente enlace. Urgentemente, porque el tiempo marca inexorablemente el compás. Necesita hacer un profundo ejercicio de introspección, mirar a su horizonte interior, desempolvar rincones adormecidos, y reinventar su paisaje vital. Es un buen momento en la vida de poner todo sobre la mesa, echar a la basura lo caduco, lo inútil, la costra que se ha creado con la inercia del día a día. Es el momento de poner en acción la viveza intelectual, desechar viejos discursos, refrescar ideas, armarse de libertad en su pensamiento. Piensa que es el momento de un limpieza general en su vida y de intensificar la higiene mental, de fortalecer su yo creativo frente a las pautas preestablecidas. En definitiva, piensa que es importante elegir bien la dirección de la futura estación, la del fin de viaje.

Bajo el impulso de su pensamiento, en su interior se sentía el "Hombre Nuevo" de San Pablo, creando su camino, el camino de Antonio Machado: "Caminante, no hay camino/ se hace camino al andar".

El Camino de Santiago es sin duda el rostro genuino que Galicia presenta ante las culturas de la tierra. El peregrino ha sido testigo de reiterados flases que se han definido recientemente como ejemplos de "feismo" en los sucesivos núcleos rurales que ha ido cruzando. Tenía la sensación de que las administraciones le habían dado la espalda a este inimitable fenómeno cultural, con el riesgo de que este inmenso movimiento de masas pasara a ser una moda pasajera. Sin embargo ha podido constatar puntos del camino en los que sí se han implicado las administraciones y los vecinos residentes, ofreciendo al peregrino un rostro de Galicia bonito, propio, acogedor. La cuidada puesta en escena de Castromaior, Ligonde, Airexe testimonian que las administraciones están haciendo algunos esfuerzos, aunque no los suficientes, en poner en valor esta esplendida tarjeta de presentación de esta tierra, que le ha regalado la historia.

Cruza Lestedo, y contempla el pequeño templo barroco de Santiago con su crucero que donaron los Ulloa, mientras los nichos del cementerio asoman directamente al camino. Fe, tradición, muerte íntimamente unidos, íntimamente familiares.

El peregrino llega a la plaza central de Palas de Rei, en la que una banda de gaiteiros ameniza el bermuth. Son las fiestas patronales del "Ecce Homo". Normalmente las fiestas llevan la advocación de un santo o una denominación estrictamente lúdica. Betanzos, por ejemplo, honra a San Roque con el lanzamiento del Globo, y honra a Baco en la romeria de los Caneiros. La celebración del "Ecce Homo", "he aquí al hombre", tiene los ingredientes de una escenificación teatral, con los cuadros de una sociedad en decadencia: La inhibición de la justicia (Pilatos se lava las manos), la casta socerdotal instalada en la corrupción y el poder, alentando a la chusma popular que necesita el espectáculo sangriento. En el centro del cuadro escénico la víctima de todos estos desajustes, el "Ecce Homo", el holocausto.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

SARRIA - PORTOMARIN

14/9/09
El amanecer del lunes despierta cubierto por una intensa niebla., el peregrino desde la base de la ciudad inicia la subida a la colina que domina la población, y se incorpora al camino, por el que ya transitan otros desconocidos compañeros de viaje. Cruza a la vera del convento de la Magdalena, solemnemente asentado en el coto del castro.
Sarria, soñolienta, se queda atrás. El Peregrino cruza el río Pequeno sobre un sencillo puente de madera, y nuevamente inicia una esforzada cuesta entre la penumbra del amanecer y bajo la sombra protectora de robustos robles. El lento paso a paso coge aliento del suave murmullo del bosque animado. La dura cuesta obliga a abrir la espicha del oxígeno. El bastón del peregrino, al compás del golpe seco de su base metálica, lleva el ritmo. Es la batuta del caminante que marca el compás: uno - dos, uno - dos. Ese vivo símbolo de mando, en manos del peregrino, impulsa un íntimo sentimiento de autoridad, le hace sentirse dueño de sí mismo.
Superada la esforzada cuesta, procede cambiar el compás, es preciso un nuevo desarrollo: Tac, un - dos - tres; tac, un - dos - tres. Al amanecer el peregrino contempla los campos cuidadosamente cultivados, paisaje de maizales y pastizales, mientras el camino bordea la autovía y la vía de ferrocarril. Un tren mercancías perturba la tranquilidad de las primeras horas de la mañana. Piensa que ama la historia, que es la fuente de lo que somos, y con su esfuerzo, paso a paso, día a día, transforma en vida propia parte de esa historia. El campesino también ama la naturaleza, pero la naturaleza domada. Es un sensible pedagogo que la acaricia y la disciplina. Vive de ella y para ella. El campesino sabe que la naturaleza salvaje provoca emociones salvajes, no controladas. Su simbiosis con la naturaleza solo es posible practicando el arte de la modulación, mezclando su energía, su fuerza, su emoción, con la tierra. Lo que se sustenta en el esfuerzo, perdura, porque es algo propio, proyecta parte del propio ser sobre las cosas. Las emociones incontroladas, vienen y van. La emoción del esfuerzo está siempre próxima. Los serenos maizales que tiñen de verde la superficie del altiplano es el fruto entrañable del esfuerzo del campesino, mezcla de inteligencia, tradición y voluntad.
El peregrino supera Peruscallo, camino de Cortiñas, entre robles majestuosos, y sencillas cruces construídas con alambre de pincho que semejan sucesivas coronas de espinas. Asoma la Ribeira Sacra en su vertiente norte, en la que aún no aparecen los primeros viñedos, que sí lo harán en la inmediaciones de Portomarín.
El peregrino cansado afronta la pronunciada bajada hasta el río Miño. El embalse de Belasar en su extremo norte, a los pies de la ciudad, tiene el nivel de agua bajo, y puede ver el flaco esqueleto de las viejas edificaciones anteriormente cubiertas por las aguas. En medio de la ciudad, la iglesia de San Nicolás tiene el perfil de un severo templo-fortaleza. En el escaparate de una tienda de subvenires se dibuja la planta de un pie cubierta de ampollas y tiritas, y la leyenda: "Este es el camino que lleva a la gloria". El peregrino reflexiona qué gloria está buscando para elegir el camino. Pero siempre con el esfuerzo. Como el campesino.
Mientras descansa, hojea el libro de Schoppenhauer "El amor, las mujeres y la muerte": "El mundo es un campo de batalla, en el que los seres están sometidos a una lucha tenaz y permanente para sus destrucción y la defensa de su existencia. La voluntad es el motor de la vida y del universo. La voluntad como esencia de las cosas es una fuerza viva, un esfuerzo permanente para existir y para aumentar el deseo de vivir y la vida misma". Sí, a esa voluntad de vivir, pero sin sumergirse, como el antedicho pensador, en el más agudo de los pesimismos y en su aniquilarse en la nada.. Voluntad de vivir bajo la guía permanente de una inmensa sonrisa vital.

viernes, 20 de noviembre de 2009

TRIACASTELA - SARRIA



13/9/09



Son las seis de la mañana. El peregrino inicia el trayecto Triacastela - Sarria. A los primeros pasos tiene que elegir entre la ruta de Samos o la ruta de San Xil. En compañia de un joven austríaco se decide por la variante de San Xil. En un mal inglés intenta comunicarse con su improvisado compañero, que inició su recorrido en Lourdes. Una docena de peregrinos siguen la misma ruta, quedan atrás las tibias luces de la ciudad, y se internan en la sombra profunda de la noche. A esas horas de la mañana no se oye ninguna palabra de la lengua de Cervantes, haciendo honor al perezoso despertar de este pais. El peregrino se deja acompañar durante una hora del joven que, con las piernas bien entrenadas, cual Indurain, a mitad de montaña despega en solitario, desapareciendo entre las penunmbras de la noche. Las linternas alineadas simulan el misterio tenebroso de la Santa Campaña. Los lamentos los pone el murmullo tenue del pequeño río Valdescuro, que camina al encuentro del rio Oribio. Obscuridad y río es la simbiosis de Negra Sombra, es la íntima fusión de esta tierra: "Si cantan, es ti que cantas,/ si choran es tí que choras,/ i es o murmurio do rio/ i es a noite i es a aurora". El bosque hace más intenso, más penetrante el vacío sombrío de la noche.


Los puntos que son origen y destino de cada etapa se asientan frecuentemente a la vera de un río. Ello hace que el final de cada recorrido sea una pronunciada pendiente hacia abajo, y el inicio por la mañana, una cansina cuesta hacia arriba. El kilómetro y medio desde A Balsa a San Xil es intenso, costoso y pronunciado. A medida que se abre la tenue luminosidad del paisaje, el peregrino pericbe el aliciente acogedor de los bosques de castaños y robles, que se han adueñado de las laderas del monte de Santa Irene.


A ritmo y paso a paso, conquista el altiplano desde donde contempla el monte Oribio. Al fondo de la ladera, el valle está cubierto con una inmensa sábana de niebla.


De momento, la cuesta que queda atrás aun no ha hecho mella en las piernas, por lo que recorre el corto altiplano, camino de Montán con alegría, disfrutando en solitario de la sueve brisa que le acaricia al amanecer. Bajando hacia Montán se introduce en la niebla, distinguiendo entre penumbras pastizales, robles, castaños....Es domingo, y el amanecer despierta en profundo silencio, solo perturbado por el cencerro de algún ganado vacuno madrugador. Las pequeñas aldeas duermen bajo el envoltorio de los intensos olores de las cuadras.


El peregrino siente la protección de nobles robles y castaños, que le hacen el puente y sombrean el camino de subidas y bajadas, en zig - zag.En las proximidades de Sarria manchan el paisaje extensos mantos de maizales.
A la entrada de la ciudad, en una parada de bus instalada por la Diputación Provincial, algún gracioso dejo huella de su ingenio: "...puta....provincia. de Lugo".


El peregrino cruza el puente del rio Sarria, percibe en la ciudad ambiente dominguero y festivo. Se instala en su hotel y se dispone a disfrutar de una tranquila jornada urbana. Son las dos de la tarde.



miércoles, 18 de noviembre de 2009

O CEBREIRO - TRIACASTELA

Dia 12/9/09




Son las siete de la mañana, y empieza a amanecer. O Cebreiro es el abrazo tierno, delicado, auténtico de bienvenida a Galicia. Es un pequeño salón plagado de símbolos culturales. Es un rincón entrañable que exhibe la sencilla nobleza de lo autóctono.

Desde este ovillo inicial, arranca el hilo tortuoso del camino que paso a paso, día a día, irá cubriendo el peregrino. Pero... ¿qué es el camino? Esta realidad espacio temporal concreta, la interioriza, la abstrae. Tiene conciencia de que está haciendo EL CAMINO. Se siente más próximo al verso de Antonio Machado que a la gélida y austera concepción de Monseñor Escribá de Balaguer. Para Monseñor, el camino es un trazado predeterminado, un ejercicio puro de voluntad, un acto permanente de fe, sin preguntas ni respuestas. Para el poeta, el CAMINO es un permanente acto de creación, un ejercicio constante de puesta a punto y reajuste del propio proyecto vital: "Caminante, no hay camino, se hace camino al andar". Los proyectos se construyen en el marco del discurso concatenado de preguntas y respuestas.

Los tres grandes referentes occidentales de las peregrinaciones tienen soportes propios. Jerusalén es el impulso de la fe en torno a un hecho histórico, a un hecho espacio temporal. Roma represente la gran superestructura social y política que se ha derevado de ese hecho histórico. Lo abarca todo, y todos los caminos llevan a ella. Santiago es el mito, el milagro enterrado en la penumbra de los tiempos. Jerusalén es FE, Roma es ESPECTACULO, Santiago es CULTURA, POESIA.

El peregrino cruza el pequeño pueblo de Liñares, donde asoman algunos elementos de típico feismo rural. El alto de San Roque está coronado por el monumento al Peregrino. Visita a pocos quilómetros la pequeña iglesia de Hospital de la Condesa, que conserva huellas atemporales de los siglos VI, XI, XVI y XVIII. El peregrino cruza el Padornelo y se adentra en el altiplano del Alto de Poio. La solemne grandeza del paisaje transmite el espíritu de los Ancares. Montañas de bellas y sueves curvas, gragantas profundas, piel de inmensos bosques con manchas de pastizales.

Avanza a ritmo con sus soliloquios, y desgrana, paso a paso la ruta. Pasando Biduedo, contempla el monte Oribio. El goteo de peregrinos es constante y sostenido. La cultura europea convive armónicamente con los olores fuertes de los purines rurales. Los peregrinos, hijos de Babel, se sonríen unos a otros, se saludan, gesticulan reverenciandose. Es el espíritu del camino: Mentes abiertas, complicidad, proximidad. Los peregrinos no compiten entre sí, compiten consigo mismo. Cada pregrino es su propio reto, su propio desafio.

Hacia la una del mediodia el peregrino inicia la bajada a Triacastela. La montaña le empuja. De golpe han desaparecido del paisaje las manchas rojas, los "escornacabras", el toque frívolo del paisaje. En las proximidades de Triacastela aparece la reciumbre del paisaje autóctono: Castaños y robles. A las puertas de la ciudad el peregrino es recibido solemnemente por tres guardianes, tres castaños centenarios, que proyectan su inmensa sombra sobre la ruta.

Triacastela es por autonomasia, el CAMINO. Es en esencia una calle, "a rúa do peregrino", embellecida a su izquierda por el ábside románico de la iglesia de Santiago. A la vera del río Oribio es secilla, acogedora, silenciosa.

martes, 17 de noviembre de 2009

A SANTIAGO ME VOY CAMINANDO....



Dia 11/9/09


EL PREAMBULO







Entre el abrazo susurrante del Caurel, el candidato peregrino llega a Piedrafita. La tarde es soleada. Decide sacudirse la pereza y recorre los cinco kilómetros hasta el alto de O Cebreiro, siguiendo la carretera que une los dos enclaves. Es un preámbulo, ejercicio de precalentamiento. El recorrido está marcado por una cuesta fuerte y endurecida por el asfalto.

A medida que avanza, contempla las montañas serenas, suaves y potentes. Al fondo, la serpiente de vías de alta capacidad, exhibición de desafios técnicos, insinúan la volátil participación de Galicia en el progreso.

Inmensa alfombra de verdes matizados a los pies del peregrino. Siente frente a frente el rostro de un Caurel expléndido y generoso. La rica variedad de la flora se completa con la insitente mancha roja del "escornacabras" que representa la coqueteria pura y vacía. Entre "carballos", "castiñeiros", "amieiros", "xestas" e "toxos", el "cornabude" exhibe sus pendientes rubies de racimo, sus labios intensamiente rojos. Un paisano, que se curzaba por alli, le sentencia al peregrino: "Cando o escornacabras está cheo de bolas roxas, é ano de neve".¿ E por qué hai tanto escornacabras?" Non o sei. Só sei que no sirve para nada. Nin para leña".

El peregrino continúa su camino. El paisaje relaja su mirada vespertina, que paso a paso, a la vera del asfalto, va superando la costa cansina, y se interna en el alto de O Cebreiro.

Empieza a obscurecer.Las pallozas invitan al recogimiento. El viaje ha empezado.