miércoles, 9 de diciembre de 2009

PEDROUZO - SANTIAGO DE COMPOSTELA

18/9/09




Son las 7 de la mañana, la temperatura es agradable, y la alegría de llegar a la Meca cultural tonifica el ánimo. El peregrino siente algo extraño hasta que se da cuenta que dejó olvidado en la habitación el baston, el compañero inseparable, que le fue marcando dia a dia el compás. Lo había adquirido en O Cebreiro. Los peregrinos transmiten parte de su personalidad en el modelo de baston, en el que se apoyarán en sus trayectos. Los creyentes, que prioritariamente conciben el Camino desde un perfil ascético - contemplativo, prefieren el cayado, una talla alargada e irregular y que tiene una cierta similitud con el váculo de los obispos. El simple garrote es para el peregrino que vive el Camino con impulso desafiante. El peregrino de espíritu deportivo y entrado en años, recurre al bastón "trekking" de aluminio, especifico para escaladores. Otros prefieren las manos libres, renuncian al punto de apoyo, y marcan el ritmo con sus brazos. Nuestro peregrino ha optado por un bastón de altura media, acabado, con base metálica, que marque el ritmo con precisión. El camino como cultural racional. Para él no es un ejercicio de ascetismo, ni de mística, ni de senderismo. Es una genuflexión ante la historia, un ejercicio de introspección por las rutas del pasado.
Los primeros trayectos del Camino son de pendientes suaves y abundante arbolado. Cruza O Rego de Brandelos, el poblado y el rio de Amaral, entre la penumbra del amanecer, sufre la fuerte pendiente de Cimadevila, y se escandaliza una vez más del atentado por la construcción del Polígono Industrial de O Pino a la vera del Camino. Pasa bajo la gigante telaraña del ILS del Aeropuerto, nuevamente le sorprende que la autovía corte el Camino, y no puede dejar de preguntarse cómo en las inmediaciones de la gran meta se permiten estos atentados.
Por fin Lavacolla. El peregrino se acerca a la iglesia parroquial, y cruza el pequeño arroyo, al que la tradición le ha otorgado un importante papel en la historia de la higiene. Según la guía Calextina, Lavacolla deriva de "lava colea", donde los sufridos peregrinos se levaban sus mismísimos, ayudando a paliar las insuficiencias higiénicas de la época, que intentaría completar el ínclito botafumeiro.
En dirección al pequeño núcleo de Vilasantar, el peregrino sufre la última cuesta, y en paralelo con la carretera que lleva a Santiago, cruza en San Marcos el Centro de TVG. O Monte do Gozo le trae los recuerdos de las grandes concentraciones que pisaron su hierba: Con Juan Pablo II en 1982 y 89, que se rememora en 1993 con un gran monumento que corona la colina; también con frecuentes y masivas reuniones para escuchar fervorosos panegíricos políticos con cierta tendendcia al endiosamiento de personas, o grandes concentraciones juveniles para escuchar los sonidos distorsionados de sus ídolos musicales, como recientemente los de Bruce Springsteen. Pero la verdadera razón del gozo es que se ve, se palpa, se siente el espíritu de Compostela.
La emoción de la meta le embarga . El día a día, el paso a paso, siguiendo siempre la flecha, lo han llevado a buen fin. Con frecuencia los peregrinos, de rodillas, entonaban el "Te Deum" con intensa emoción, y otros brindaban con vino. El opta por posponer el brindis para la llegada.
Los últimos metros se recorren lentmente. En San Lázaro, la actual Dirección Xeral de Montes se ubica en el trnsformado antiguo hospital de Leprosos. Pasa al lado de la capilla de San Lázaro. Cruza la rúa de San Pedro, Casas Reais, Plaza Cervantes, Azabachería, y bajo el Pazo de Gelmirez, con emoción contenida, pisa las piedras del Obradoiro. Contempla el espectáculo de su noble grandeza. Como si fuera la primera vez. El hormiguero humano se siente acogido, como si cada uno estuviera en el salón de su casa. Se siente el calor de esta Patrimonio de la Humanisdad, que penetra hasta la médula. Compostela responde fielmente a cualquiera de las interpretaciones etimológicas: "El campo de la estrella" que indica a Teodomiro el lugar en el que está la tumba del Apóstol. Es la compostela de la leyenda. Bajo otra interpretación, el Códice Calextino cuenta la historia de una mujer llamada "Compostella", seguidora de las predicaciones del Apóstol. Es la Compostela de la Fe. Para otros la etimología responde a la pequeña villa "compuesta", "id est bene composita", la Compostela bonita, Patrimonio de la Humanidad. Como se puede ver, cada una de sus interpretaciones etomológicas tienen una proyección de largo recorrido
El peregrino se aproxima al Palacio de Raxoi, y respetuosamente contempla durante cinco minutos el dedo solemne de la catedral que señala el cielo. No entra al interior.
Se desprende de la mochila, ya no sigue la flecha, y recupera en su interior a Antonio Machado: "Caminante, son tus huellas / el camino y nada más. /Al andar se hace el camino / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar".

viernes, 4 de diciembre de 2009

ARZUA - PEDROUZO






17/909




El peregrino ha caído en la tentación. La mochila se la llevarán a Pedrouzo por el módico precio de 4 euros. Ligero de carga, asido a su bastón, se pone a andar con alegría, con esperanza. El fin está cerca. Pero no es el fin apocalíptico, el fin del "dies illa, dies irae". No. Es el fn hacia laresurrección, hacia la regeneración. Es la meta.


Atrás queda Arzúa, en la que el Calixtio sitúa el milagro del peregrino que pidió un pedazo de pan a una mujer cuando lo estaba cociendo. No se lo quiso dar, y el pan se convirtió en una piedra. La leyenda le provoca un soliloquio en el que hace analogía del ser humano que no comparte, que no se entrega, que no ejercita su generosidad con los demás, termina convirtiéndose en un coraz´´on de piedra. Conmo el pan de la poco generosa mujer.


El camino transcurre entre pendientes suaves que limitan las caprichosas curvas de pequeños riachuelos: Rego raído, regueiro Ladrón, río Lengüello, rego do Igresario.rego da Abelenda...


A la vera del Camino asoman prqueñas explotaciones ganaderas, estabuladas unos, al descubierto otras. Los cencerros desgranan notas sueltas en el aire. Es la antesala de ese pproducto tan familiar, tan artesanal: El queso de Arzúa.


En le horizonte, paisaje de aucaliptos, mahizales, pastizales. Con frecuencia el Camino cruza la carretera de alta cappacidad, sin ninguna esppecial señalización, lo que por una parte supone un añadido de inseguridad, y por otra un atentado a su virginidad imposible. Es un golpe a su inocencia, una burda violación, un ataque a su inocente "enxebrismo".


Santiago está cerca. En el alto de Santa Irene, coronada por su rústica capilla, Santiago se huele, se siente. Lo anuncia la lluvia diminuta, pero intensa, que viene amenazando desde las primeras horas. El peregrino cubre su cuerpo con el impermeable, y busca la protección de los eucaliptos. Atrás, y sin despertar especial interés, queda el monumento al falangista

ariano Sanchez Covisa, muerto en 1993, haciendo una peregrinación con la Falange.


La lluvia pertinaz e "in crescendo" reduce la perspectiva. En su compañía, el peregrino se adentra en Pedrouzo, un pueblo que se ha quedado a medio camino de ciudad. Algo así como "ni chicha ni limoná". Pedrouzo dejó de ser un pueblo, y no llegó a ser ciudad. Urbanismo de quiero y no puedo. Tiene, en lenguaje analógico, la estética vulgar del nuevo rico. Pero Santiago, el Campo de la Estrella, ya está cerca.
















martes, 1 de diciembre de 2009

PALAS DE REI - ARZUA

16/9/09
El peregrino inicia la nueva jornada a las 6,30 de la mañana, cubierto por el manto de la noche, en un continuo subir y bajar. El ruido de los motores y las luces testimonian que el Camino transcurre próximo a la carretera que comunica Lugo con la capital.
La luz de la mañana nos alumbra un nuevo paisaje. El roble pasa a segundo plano, y los bosques de eucaliptos cogen el protagonismo, semejando una gran muchedumbre de figuras hieráticas, verticales, como si hubiesen salido de los pinceles del Greco.
Los pueblos de Leboreiro y Boente presentan un rostro cuidado, limpio, agradable. un reflejo de la Galicia que todos queremos, de la Galicia bonita.
Pasado Casanova, en linea con el río, un desvío lleva al castillo de Pambre, cuya visita el peregrino deja para otra ocasión. El Camino se cruza reiteradamente con las arterias serpenteantes de pequeños ríos, que pueblan el paisaje fértil y generoso: Rego Ruxiam, río Pambre, río Seco, río Furelos, Catasol, Boente, Ribeiral, Iso...
El altiplano que nos acerca a Melide abunda en testimonios de la sangría del campo. En una tierra aparentemente fértil, un gran manto de "toxos, xestas e queirugas" a lo largo y a lo ancho testimonian el rostro envejecido de la Galicia inerte, de la Galicia instalada en la ambición tibia de un futuro desdibujado. En esta tierra día a día el campo es la expresión de una progresivo erosión humana. No ha encontrado caminos de futuro, y las viejas casas de piedra, los viejos tejados están devorados por la erosión del tiempo. Es el esqueleto de una tierra que ha perdido el tren.
Al lado de este ancho paisaje de "toxos, xestas e queirugas", el peregrino tropieza con la presencia del Polígono Industrial de Melide, perturbando el corazón plácido del Camino. Habiendo tantos metros cuadrados de suelo infrautilizado, se pregunta quién habrá sido el genio pensante que decidió unir conceptos tan incompatibles: Polígono Industrial - Camino. Muchas veces oyó decir que la política es "el arte de lo posible". Cuando ese "posible" se ejecuta sin una pequeña dosis de sensibilidad artística, se convierte en un ejercicio de vulgaridad. Piensa que desgraciadamente, el lenguaje político se aleja cada día más de la cultura, incluso del sentido común. La presión, que obliga a decisiones rápidas, que produzcan efectos inmediatos, las aleja del principio de ponderación, del principio de equilibrio, en definitiva, las aleja de la armonía artística.. Con frecuencia los políticos no pretenden tanto los buenos efectos de sus actuaciones, cuanto los efectismos, los efectos especiales. Antes que el medio plazo, el plazo corto.
Melide recibe al peregrino con el murmullo acogedor del río Furelos, la iglesia románica de San Xoan, cruza el centro de la ciudad, y se despide a la sombra de la capilla del Carmen.
El párroco de Boente, emulando la imagen de los restauradores que invitan al pasajero a disfrutar de sus manjares, invita a los peregrinos a entrar en el santuario de Santiago, contemplar el crucero y la fuente de la Saleta, todo ello en el marco de un cuadro esmeradamente cuidado.
El peregrino se detiene en Ribadisco de Baixo. El mesón inmediato al albergue es una tentación, a la que sucumbe. Deposita su mochila, se toma una caña de cerveza, y espontáneamente conversa con un grupo de granadinos, que entre broma y broma, viven la jornada con envidiable humor. La España del sur contagia a la España del norte.