martes, 2 de diciembre de 2008

Afortunadamente vulnerables

Ayer tarde repasaba las coordenadas del pensamiento del humanista bulgaro-francés Tzvetan Todorov, reciente premio Príncipe de Asturias, y que magistralmente sintetiza mi buen amigo
Jose Manuel Romay en su libro "Lecturas para nuestro tiempo. Humanismo, Sociedad Civil y Democracia".
Todorov es un admirador del autor "Essais", Montaigne, del que reproduce estas estimulantes palabras: "Jamás vi en el mundo un milagro más extraordinario e ininteligible que yo mismo: con el tiempo, y la costumbre uno se habitúa a todas las rarezas; pero cuanto más me analizo y me conozco, más me maravilla mi diversidad, y menos me entiendo".
Montaigne, que fue un detractor de la esclavitud de la memoria, del seguidismo sumiso de los dictados de la historia, nos abre la ventana al mundo de las infinitas alternativas, de las virtualidades potenciales del ser humano. Este ejercicio de introspección, de autocontemplación, nos descubre las opciones que pueden ser objeto de la inteligencia libre del hombre.
Somos diversos. Gran parte del siglo XX estuvo agarrotado bajo modelos predeterminados cerrados. El cientifismo social, antesala de los totalitarismos, llevó al hombre sometido a perder el sentido de la propia capacidad creadora, del descubrimiento de su propia capacidad creadora.
Todorov llama "indeterminación" a la capacidad humana de elegir. Estamos más próximos al "todo fluye" de Heráclito, que al "ser es" de Parménides. Este estado de libre provisionalidad, le llevó a terminar su alocución en la entrega del premio Príncipe de Asturias con estas contudentes palabras: "En esta sociedad todos somos emigrantes". Estamos en un mundo abierto a opciones, somos capaces de elegir, y ello nos hace afortunadamente vulnerables. Somos capaces de transformarnos, de convertirnos, de matizar nuestros propios posicionamientos. Y, porque afortunadamente somos vulnerables, somos influenciables. Ingrid Betancourt, víctima del cerrilismo terrorista, en el mismo acto, hizo su profundo testimonio de fe en la fuerza de la palabra: "Tengo la prfunda convicción de que cuando hablamos, estamos cambiando el mundo".
Ojalá al despertar cada dia hagamos un semejante acto de fe en la fuerza de la palabra.

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