viernes, 9 de septiembre de 2011




15 M


Ernesto Pérez Barxa





11 S, 11 M, 23 F, 7 J.....Todos ellos tienen garantizadas unas lineas en los libros de Historia que intentarán retener futuras generaciones. Unos marcados por el espectáculo de la sangre (11 S, 11 M, 7 J); otros llevarán el signo del drama- opereta nacional, con final feliz, como el 23 F.

El 15 M necesita su reválida. La flaca memoria del pueblo puede reducirlo a un fenómeno episódico, si el movimiento no define contenidos, y método. Durante meses han ocupado los salones nobles de las ciudades acompañados de una cuota de simpatía social considerable. Pero lo que fue un impulso decidido en principio, con el transcurso de los días se tradujo en un ejercicio terco de voluntarismo que la .lógica de la calle no entendía. Su condición de movimiento asambleario, y su renuncia expresa al principio de jerarquía puede representar uno de sus puntos débiles, pues no genera proyectos, no define ideas.


¿Por qué el 15 M?. Detrás de cada fenómeno siempre hay una primera causa, que a su vez puede generar causas de otros efectos. “Causa causae, causa causatis”. Somos conscientes que vivimos en una sociedad occidental con proceso degenerativo alarmante. Es tentador asociarlo a grandes decadencias de la historia. Como dice Jose Luis Sampedro, “más que una economía de mercado, vivimos en una sociedad de mercado”, lo que conlleva una profunda crisis de valores. Tenemos la sensación de que el sistema está agotado.


Con la llegada de Reagan y Margaret Theacher al poder en los primeros años de los 80, los valores democráticos se sustituyen por el mercado. Es la expresión del liberalismo puro y duro, que se apoya en una fe inquebrantable de la capacidad de autoregulación de los mercados. Podriamos decir que es una versión moderna del “laissed faire, et laissed passer, le monde va de lui meme”. El mundo va solo, el mercado se regula solo. Este liberalismo en estado puro en el mundo occidental nos ha llevado al mayor fraude social: Se privatizan las ganancias, y se socializan las pérdidas. Y todo ello sucede, como dice Mayor Zaragoza, en el marco de “democracias frágiles, formales, partidistas, con escasa participación social”. Es la dictadura de los mercados soberanos.


Dahrendorf afirma que el mundo occidental se halla en la “`posdemocracia”. Y lo matiza: “Tal vez la democracia no haya muerto; pero sí ha muerto el Parlamento”. En definitva, ha muerto Montesquieu.


Junto a este estado general de la cuestión en la sociedad occidental, las especificidades de nuestro pais han intensificado la provocación de la sociedad civil española. El periodista Ignacio Escolar parte en uno de sus artículos aludiendo al momento placentero de nuestro pais por los abundantes podios deportivos, para, con analogía irónica, exponer una larga letanía de podios políticos y sociales en este pais de campeonato: El paro, especialmente el paro juvenil, los salarios el mileurismo, las desigualdades economicas, las bajas pensiones, la desatención familiar, los altos directivos mejor pagados de Europa, los paraísos fiscales de las empresas del IBEX 35, la baja inversión en I+D, etc., etc.


Todo este magma fue la fragua para la explosión social del 15 M. Como toda explosión, es un detonante que sorprende a la sociedad. Sin embargo el movimiento original, a medida que pasaban los días, tomó el perfil de un cerril ejercicio de voluntarismo, sin apenas mensajes que llegaran con claridad al pueblo. Los salones nobles de las ciudades necesitaban ventilarse, oxigenarse, despejarse.


Sin embargo este movimiento tiene sentido, y capacidad de causar efectos benéficos. No puede convertirse en un globo que se pincha, reducido a anécdota, o convertirse en un simple contrapunto de la gobernanza pública del día a día. Esta no es su función, no es un movimiento sindical. Es un movimiento reivindicativo de la vigencia y presencia de la sociedad civil. Un grito que reivindica la hora de la ciudadanía.. Como dice Todorov, es la hora de “hacer de los individuos humanos la finalidad de nuestras instituciones y de nuestras decisiones políticas y económicas”. Por ello el movimiento debe priorizar combatir el conformismo y la pasividad ante la acción de los poderes públicos. Impulsar una sociedad vigilante, creativa y renovadora. Que revise la inercia de la tradición, que impulse nuevos horizontes frente al seguidismo de lo de siempre. Montaigne manifiesta su oposición a “la tiranía de la memoria, el fragmento del pasado que se transmite intacto de generación en generación”. La historia y la vida es movimiento.


Para Victor Perez-Díaz “la clave de una sociedad civil estriba en que los individuos están en condicionesde jugar dos papeles: el de los ciudadanos capaces de exigir responsabilidades a los gobernantes y debatir libremente los problemas comunes, y el de individuos comrpomentidos en interacciones libres, los unos con los otros”. Es decir: Es el momento de impulsar un tejido social activo en dirección vertical y dirección horizontal. Y para ello el 15 M puede ser un importante fermento.


Pero para mantener viva la llama, son necesarios algunos matices:

En primer lugar, definir el capítulo reivindicativo. No vale el “totum revolutum”. El articulado debe apuntar a los puntos neurálgicos de la debilidad democrática, a las inercias del sistema, a los hábitos corruptos y explotadores del poder. El movimiento debe trascender el simple plano sindical, plano que sería igualmente objeto de la vigilancia civil.

En segundo lugar, elegir el método. Hoy vivimos con intensidad las nuevas tecnologías de la comunicación. El ciberespacio tiene dimensiones cuasi infinitas en lo extensivo y en lo intensivo. Asímismo instrumentalizar adecuadamente el movimiento asociativo. No es necesario forzar las relaciones sociales, ocupar los espacios públicos, forzar o transgredir la legislación vigente. Un ejemplo: a finales de este mes de septiembre se celebra el I Congreso de la Sociedad Civil, promovido por más de 60 asociaciones, orientado a impulsar la democracia en los ciudadanos, con ponencias tales como “Reforma de la Constitución”, “Separación de Poderes”, “Reforma de la Ley Electoral”, “Democracia participativa”, “Poder político y Sociedad Civil”...

Sin duda, es un buen camino. Generar pensamiento, impulsar convicciones democráticas en la sociedad, incidir en cuestiones que son el quicio de un saneado modelo social, consolidar principios de auténtica democracia real. Y, como dice Todorov, “corresponde a los políticos la noble tarea de convertir a los principios en medidas concretas, traducir el marco general en acciones, jerarquizar las exigencias, encontrar un buen acuerdo entre los intereses y los conflictos”.

Todo ello bajo la mirada atenta y exigente de una sociedad civil comprometida.







sábado, 13 de agosto de 2011

Te doy mi palabra




Un viejo amigo tiene por costumbre sellar la contundencia de sus alegatos con la reiterada muletilla “te doy mi palabra”. Consecuentemente yo no puedo evitar el recuerdo de mis primeras andanzas cuando acompañaba a mi padre para cuidar una pareja de bueyes en la feria de ganado de Verín. Se negociaba en reales. La diferencia de 25 reales podría suponer una mañana entera de tiras y aflojas. Los amigos terceros intentaban juntar las manos de los contendientes, pero el proceso tenia su propia liturgia, y su propia escenificación teatral,

como graciosamente versificaba Pemán referido a los gags de la Feria de Abril en Jerez:

Lo de menos, quizás, es la venta

Lo de más es la gracia, el aqué,

Y el hacer que no vuelvo, y volvé

Y el darle al negocio su sal y pimienta,

Como debe sé”.

Pero llegaba el momento sagrado del sello. Se daban la mano. Se había dado la palabra. Se acabó el teatro. La palabra es sagrada.

Pablo Neruda en “CONFIESO QUE HE VIVIDO” se emborracha y se embadurna con la palabra: “Son las palabras las que cantan, las que suben y bajan…Me posterno ante ellas…Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo y las derrito”. Para Pablo Neruda, los conquistadores “se llevaron el oro, y nos dejaron el oro…Se lo llevaron todo, y nos dejaron todo. Nos dejaron las palabras”.

La capacidad constructiva y destructiva del lenguaje, de la palabra, estaba presente en la propuesta que Guillermo de Ockam le hacía al emperador Luis IV de Baviera para que le defendiera de los posibles ataques de Papa Juan XXII, y el antipapa Nicolás V: “Defende me gladio, et ego defendam te calamo”, “defiéndeme con la espada, y yo te defenderé con la pluma”, con la palabra.

Estaba yo estos días leyendo “UN CORAZON INTELIGENTE” deAlain Finkielkraut, que analizando un conjunto de obras de diferentes autores, refleja el desierto desolador provocado cuando la irracionalidad destructiva se apodera del lenguaje. Mientras despieza la obra de Fhilip Roth, “LA MANCHA HUMANA”, nos cuenta los avatares de una víctima del lenguaje. Coleman Silk era un admirado y querido profesor de la Universidad de Athena. Todos los días pasaba lista a sus alumnos, y reiteradamente dos de ellos nunca contestaban. Un dia se le ocurrió una frase graciosa, y fatal: “Do they exist or are they spooks?” “¿Existen de verdad o se trata de dos fantasmas”?. Spook, que todos los diccionarios la definen como “fantasma”, “espectro”, en una jerga ya poco usada, se refería peyorativamente a los negros. Los estudiantes absentistas, ¡qué casualidad!, eran afroamericanos. El psuami antirracista, potente y activo en la juventud universitaria, soltó toda su potencia pasional contra el admirado profesor. La jerga de la palabra dominó al diccionario. Los intentos de racionalizar la semántica de su desafortunada broma fueron inútiles. El huracán acabó con su vida profesional.

La palabra construye o destruye. Es verdad o es mentira. Puede ser un arma de destrucción masiva. Pero yo apuesto por el gran diccionario de la paz. Os doy mi palabra.